
Según el diccionario, el político es una persona cortés y educada que es hábil para tratar con la gente y resolver asuntos relacionados con el bienestar general. Sin embargo, la imagen de quienes nos representan difiere mucho de este perfil ideal.
Muy lejos estamos de aquellos reyes a los que Dios les daba el poder sobre una porción de territorio a través de una orden divina. Los grandes cambios de los últimos siglos se dieron a través de grandes enfrentamientos e invenciones como por ejemplo la Revolución Francesa y el descubrimiento de la maquina a vapor. El hombre tomó conciencia de que debía ser el dueño de su propia vida y de que quienes decidieran el destino de su nación deberían ser personas del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Esta posibilidad de que cualquier ciudadano pueda gobernar despierta inevitablemente ansias de poder.
El perfil del político argentino actual es, según mi apreciación, el de un profesional que tiene su vida afectiva y económicamente realizada, y desea ser reconocido. Seguramente muchos de ellos tienen ideales firmes y quieren plasmar sus ideas para mejorar el país como un modo de devolverle todo lo que este le dio, otros sencillamente quieren pasar a la historia y que una calle lleve su nombre.El gran problema de la sociedad actual es que le exigimos a quienes nos representan cosas que tampoco nosotros cumplimos. El mejor y más sencillo ejemplo es el de las coimas y estafas, nos quejamos de nuestros políticos pero nosotros actuamos igual en las cosas de todos los días como cuando nos colamos en la fila en el banco (Paréntesis - Historia real 1- aca irá un hipervinculo) o pagamos sin exigir el ticket y le permitimos al comerciante evadir impuestos, solo que la tentación de los gobernantes es mayor porque manejan otras sumas de dinero. El argentino no cree en el político porque sabe como es él y como actuaría si tuviese la oportunidad.
El descreimiento social generalizado no solamente afecta a la clase dirigente, sino que cada vez más e influenciado por un período de extremo egoísmo ha despedazado al milenario catolicismo. El típico joven argentino es una persona que es bautizada por sus padres como un evento de inserción social ineludible, toma su comunión para recibir regalos y en su adolescencia llega a la conclusión de que cree en Dios a su manera. Tal vez esto parezca no tener nada que ver con el tema del que estamos hablando, pero sin embargo es uno de los síntomas que demuestra que nuestra sociedad está criando futuros ciudadanos anti-todo.
Si llegaran a sucederse como presidentes políticos que realmente cumplieran todo lo que prometieron en su campaña, Argentina pasara a tener gran estabilidad financiera, se pagara la deuda externa y el país no tuviera deudas con nadie, volviéramos a ser el granero del mundo (o ,por que no, la nueva potencia hegemónica mundial), todos tuvieran trabajo y cobraran lo que es justo, entonces, seguramente la gente tendría ganas de votar, se interesaría por los distintos candidatos, habría una gran conciencia política y esto traería aparejado grandes cambios culturales y sociales. El problema es que el ciudadano quiere lo mejor para si mismo y el político está obligado a prometer cosas que no va poder cumplir. Los puntos clave que se mencionan en toda campaña son los grandes condicionantes de la Macroeconomía y son más o menos estos: aumentar la balanza comercial (exportaciones sobre importaciones), elevar los sueldos y los puestos de trabajo. Es imposible que estos se den simultáneamente, pero muchas veces preferimos creernos el cuentito.
Si un político promete limpiar el Riachuelo y al mismo tiempo colocar industrias paperas en sus cercanías que darán miles de puestos de trabajo está incurriendo en este tipo de contradicciones.
La mayoría de las personas piensan que politizar es darle un tinte político a los temas o complicar la cosa, pero en realidad el término se refiere a la inculcación de una conciencia política.
Continuará …